Cuando la puerta se cierra detrás de ti
En un barrio de playa las puertas se cierran solas con más facilidad de lo que parece. Basta una corriente entre la terraza y el pasillo para que el piso quede cerrado con las llaves colgadas por dentro, el móvil sobre la mesa y tú en el rellano con el bañador puesto. Es una de las situaciones que más atendemos, y casi siempre tiene una solución limpia si la puerta solo estaba con el resbalón.
Lo primero que hacemos al llegar es mirar la puerta contigo: qué cerradura tiene, si estaba echada la llave o solo encajada, si lleva escudo o cerrojo. Con eso elegimos la técnica menos agresiva. En muchas puertas podemos abrir sin marcar la madera ni el marco; cuando no es posible, te lo explicamos antes y buscamos la opción que deje la entrada en mejor estado.
Portales, porteros automáticos y zonas comunes
Los edificios frente al mar suelen tener un portal grande de aluminio y cristal con cerradura eléctrica y portero automático. Cuando falla el pulsador, se queda sin fuerza el abrepuertas o la llave no entra por culpa del salitre, medio edificio acaba en la calle. Abrimos el portal y, si el problema está en la cerradura mecánica, lo dejamos funcionando; si el fallo es eléctrico, te indicamos qué parte hay que revisar.
También abrimos trasteros en sótanos, cuartos de contadores, accesos a la azotea y puertas peatonales de garaje. En las zonas comunes trabajamos siempre con el visto bueno de la comunidad: nos acompaña el presidente, alguien de la junta o la persona que indique el administrador de la finca. Así cada vecino sabe qué se ha abierto, quién lo ha pedido y en qué estado ha quedado la puerta.
Apartamentos turísticos y llaves que no aparecen
Si alquilas tu apartamento por semanas, sabes que las llaves viajan mucho. Un huésped se lleva la copia sin querer, otro la pierde en la arena y otro deja la puerta cerrada con la llave puesta por dentro. Abrimos el apartamento para que el siguiente grupo pueda entrar y, si la copia no aparece, te proponemos cambiar el cilindro en la misma visita para que nadie más pueda usarla.
Antes de abrir cualquier vivienda confirmamos que quien lo pide tiene derecho a entrar. Sirve el documento de identidad con la dirección, el contrato de alquiler, un recibo a tu nombre o que un vecino te reconozca. Si todo eso está dentro, lo revisamos en cuanto se abre la puerta. Es un paso corto que protege tu casa y la de tus vecinos, y no nos lo saltamos nunca.